Fuente: Diario Clarín
Los autores afirman en este artículo que si, en esencia, "la política agraria no consiste en consensos sino en poner de espalda al adversario, es difícil ir a un pacto" que beneficie a la sociedad en su conjunto.
Mariano Winograd, (PRESIDENTE DE 5 AL DIA DE ARGENTINA) y Fabio Quetglas (CENTRO TECNOLOGICO DE DESARROLLO REGIONAL "LOS REYUNOS" UTN, SAN RAFAEL, MENDOZA). Faltan dos días para el traslado de mando, y se habla con entusiasmo del pacto social. Pactar es reconocer -al menos en parte- las razones del "otro". Un pacto perdurable, es aquel en el que todos ganan. Argentina lo necesita para exceder la coyuntura, repartir sacrificios y ofrecer una expectativa diferente. Por ahora y en lo específicamente agrario, se reitera el remanido aumento de retenciones que a pesar de constituir crónica anunciada, no ha dejado de remover el avispero.Las retenciones pueden ser un artilugio para sostener el tipo de cambio, abaratar coyunturalmente algún producto básico, y ayudaron a reconstituir el poder público, dotando al Estado de solvencia fiscal, pero no son progresistas.A pesar de lo que afirman algunos, no garantizan redistribución de ingresos de ricos a pobres sino de unas regiones a otras. Vale la pena destacar que las regiones afectadas son algunas de las que siempre han padecido insuficiencias a lo largo de la historia argentina, degradando la distribución regional del desarrollo.Un gobierno que procure promover el desarrollo, no debiera imitar al Virreynato en sus metrópolis, a los ingleses en el trazado del ferrocarril, ni siquiera a la generación del 80. Iniciado el siglo XXI la Argentina necesita la inclusión cohesionada de sus regiones, y una actitud inteligente de integración con el mundo.No parece ser este tiempo histórico para aislamientos, sino para el posicionamiento global.Argentina necesita fisiocracia y no mercantilismo, exportar e importar, incrementar la eficiencia de sus producciones y resolver la inclusión del quinto de nuestra nación que tiene problemas de empleo.También sabemos que necesita mostrar solvencia fiscal, para que el Estado diseñe con recursos buenas políticas y que el sector público incremente su profesionalismo y autonomía relativa.El pacto debe abordar los dos aspectos. No es razonable que la carga de generar divisas y reconstruir estatalidad moderna, se apoye desmedidamente sobre un solo sector; no sólo por cuestión de justicia, sino de eficiencia. Evitemos que el tránsito necesario hacia un Estado más autónomo y eficiente, dependa de una "buena cosecha" o del viento de cola.Sin cargarle todo el sayo al Estado y a la clase política, reconozcamos que las reacciones empresarias sobre este recurrente fastidio incluyen la ausencia de planes alternativos, para la distribución de dichas retenciones.Quizás el debate no debería restringirse a las existencia de retenciones, sino a ¿qué hacer con ellas? Porque si en una coyuntura extraordinaria como la presente, el país no aprovecha la ocasión para impulsar un cambio estructural de su modelo económico, ¿cuándo lo haríamos? Sabemos hace mucho que usar recursos extraordinarios para gastos ordinarios no es bueno (sucedió ya con los recursos de las privatizaciones). Las retenciones como esfuerzo excepcional de la economía rural debieran permitir un esfuerzo infraestructural que haga más competitivas a todas las regiones y multiplique las posibilidades de inversión, promover el agregado de valor a la economía agraria; y fundamentalmente conectar a la economía rural argentina con la explosión tecnológica de la información y la comunicación.Tenemos una rémora cultural a resolver, y es el "lastre" inexplicable de enfrentar discursivamente agro con industria; sin comprender la necesidad de un programa de Desarrollo Territorial equilibrado. Ni toda nuestra geografía tiene ventajas para el desarrollo industrial; ni tampoco debemos resignarnos a ser un país que no agrega valor. Debemos pensarnos desarrollados, equilibrados, eficientes. La mayoría de las potencias industriales son a la vez potencias agrarias, ambos sectores son clientes recíprocos y sus exportaciones son productos completos, con mucho valor, que se traduce en bienestar.Los clichés antiagrarios, confunden pues impiden percibir las diferencias que el análisis no visceral debiera implicar. Desconocen muchas de las realidades del agro argentino desde las innovaciones, hasta la realidad social agraria por fuera de la pampa húmeda; y se sostienen en relatos que en el mejor de los casos relatan una historia que fue y no es.Kirchner asumió en 2003 sin un plan agrario, la urgencia social ponía en segundo lugar a todo lo demás. La situación externa fue muy favorable, y la perspectiva es que lo siga siendo en todo el cuatrienio que viene, pero ya es tiempo de tener pensamientos y planes; entre otras cosas porque la situación social ha mejorado bastante; y el contexto internacional, aún siendo favorable, tampoco será el mismo.Nuestro campo en la inmensa mayoría de sus empresas, empresarios y trabajadores, no corresponde al "mote peyorativo" de oligarquía. Sin embargo, el sector se hace copartícipe del equívoco, cuando en lugar de responder con propuestas decide "atrincherarse". El aumento del consumo interno nos expone al tema de abastecimiento e inversión. Sería encomiable que una propuesta superadora de controles y boicots fuera discutida en el marco del pacto social. Creemos que sí hacemos las cosas bien, en un decenio el problema de abastecimiento, calidad y precio pasaría a ser cosa del pasado. A todo esto, resulta indispensable construir una matriz de consumo más amplia, sana, variada, natural, en lo posible asimismo más local. Eso significa salud, empleos, diversidad, cultura e ingreso repartido territorialmente. El ser humano sustituye alimentos en virtud de la disponibilidad de los mismos y de la información que tenga. Suponer que un cliente hace su compra cualquiera sea el precio instantáneo y la disponibilidad resulta ridículo. Un proyecto de abastecimiento debe incluir la tendencia natural a la diversidad y sustitución, para lo cual debe incluir campañas de comunicación que perduren y se sustenten en el tiempo. La transformación que vislumbramos posible y que deseamos; no será obra exclusiva del sector público. Necesitamos líderes de opinión, académicos, y sobre todo empresarios que inviertan, trabajen, ganen, cumplan con la Ley en un contexto de referencia justo y previsible. Los productores deben organizarse y ser representados, pensar en sí y entender que además existe una sociedad expectante; pero si la política agraria no consiste en consensos sino en poner de espalda al adversario; es difícil ir a un pacto.SRit
Mariano Winograd, (PRESIDENTE DE 5 AL DIA DE ARGENTINA) y Fabio Quetglas (CENTRO TECNOLOGICO DE DESARROLLO REGIONAL "LOS REYUNOS" UTN, SAN RAFAEL, MENDOZA). Faltan dos días para el traslado de mando, y se habla con entusiasmo del pacto social. Pactar es reconocer -al menos en parte- las razones del "otro". Un pacto perdurable, es aquel en el que todos ganan. Argentina lo necesita para exceder la coyuntura, repartir sacrificios y ofrecer una expectativa diferente. Por ahora y en lo específicamente agrario, se reitera el remanido aumento de retenciones que a pesar de constituir crónica anunciada, no ha dejado de remover el avispero.Las retenciones pueden ser un artilugio para sostener el tipo de cambio, abaratar coyunturalmente algún producto básico, y ayudaron a reconstituir el poder público, dotando al Estado de solvencia fiscal, pero no son progresistas.A pesar de lo que afirman algunos, no garantizan redistribución de ingresos de ricos a pobres sino de unas regiones a otras. Vale la pena destacar que las regiones afectadas son algunas de las que siempre han padecido insuficiencias a lo largo de la historia argentina, degradando la distribución regional del desarrollo.Un gobierno que procure promover el desarrollo, no debiera imitar al Virreynato en sus metrópolis, a los ingleses en el trazado del ferrocarril, ni siquiera a la generación del 80. Iniciado el siglo XXI la Argentina necesita la inclusión cohesionada de sus regiones, y una actitud inteligente de integración con el mundo.No parece ser este tiempo histórico para aislamientos, sino para el posicionamiento global.Argentina necesita fisiocracia y no mercantilismo, exportar e importar, incrementar la eficiencia de sus producciones y resolver la inclusión del quinto de nuestra nación que tiene problemas de empleo.También sabemos que necesita mostrar solvencia fiscal, para que el Estado diseñe con recursos buenas políticas y que el sector público incremente su profesionalismo y autonomía relativa.El pacto debe abordar los dos aspectos. No es razonable que la carga de generar divisas y reconstruir estatalidad moderna, se apoye desmedidamente sobre un solo sector; no sólo por cuestión de justicia, sino de eficiencia. Evitemos que el tránsito necesario hacia un Estado más autónomo y eficiente, dependa de una "buena cosecha" o del viento de cola.Sin cargarle todo el sayo al Estado y a la clase política, reconozcamos que las reacciones empresarias sobre este recurrente fastidio incluyen la ausencia de planes alternativos, para la distribución de dichas retenciones.Quizás el debate no debería restringirse a las existencia de retenciones, sino a ¿qué hacer con ellas? Porque si en una coyuntura extraordinaria como la presente, el país no aprovecha la ocasión para impulsar un cambio estructural de su modelo económico, ¿cuándo lo haríamos? Sabemos hace mucho que usar recursos extraordinarios para gastos ordinarios no es bueno (sucedió ya con los recursos de las privatizaciones). Las retenciones como esfuerzo excepcional de la economía rural debieran permitir un esfuerzo infraestructural que haga más competitivas a todas las regiones y multiplique las posibilidades de inversión, promover el agregado de valor a la economía agraria; y fundamentalmente conectar a la economía rural argentina con la explosión tecnológica de la información y la comunicación.Tenemos una rémora cultural a resolver, y es el "lastre" inexplicable de enfrentar discursivamente agro con industria; sin comprender la necesidad de un programa de Desarrollo Territorial equilibrado. Ni toda nuestra geografía tiene ventajas para el desarrollo industrial; ni tampoco debemos resignarnos a ser un país que no agrega valor. Debemos pensarnos desarrollados, equilibrados, eficientes. La mayoría de las potencias industriales son a la vez potencias agrarias, ambos sectores son clientes recíprocos y sus exportaciones son productos completos, con mucho valor, que se traduce en bienestar.Los clichés antiagrarios, confunden pues impiden percibir las diferencias que el análisis no visceral debiera implicar. Desconocen muchas de las realidades del agro argentino desde las innovaciones, hasta la realidad social agraria por fuera de la pampa húmeda; y se sostienen en relatos que en el mejor de los casos relatan una historia que fue y no es.Kirchner asumió en 2003 sin un plan agrario, la urgencia social ponía en segundo lugar a todo lo demás. La situación externa fue muy favorable, y la perspectiva es que lo siga siendo en todo el cuatrienio que viene, pero ya es tiempo de tener pensamientos y planes; entre otras cosas porque la situación social ha mejorado bastante; y el contexto internacional, aún siendo favorable, tampoco será el mismo.Nuestro campo en la inmensa mayoría de sus empresas, empresarios y trabajadores, no corresponde al "mote peyorativo" de oligarquía. Sin embargo, el sector se hace copartícipe del equívoco, cuando en lugar de responder con propuestas decide "atrincherarse". El aumento del consumo interno nos expone al tema de abastecimiento e inversión. Sería encomiable que una propuesta superadora de controles y boicots fuera discutida en el marco del pacto social. Creemos que sí hacemos las cosas bien, en un decenio el problema de abastecimiento, calidad y precio pasaría a ser cosa del pasado. A todo esto, resulta indispensable construir una matriz de consumo más amplia, sana, variada, natural, en lo posible asimismo más local. Eso significa salud, empleos, diversidad, cultura e ingreso repartido territorialmente. El ser humano sustituye alimentos en virtud de la disponibilidad de los mismos y de la información que tenga. Suponer que un cliente hace su compra cualquiera sea el precio instantáneo y la disponibilidad resulta ridículo. Un proyecto de abastecimiento debe incluir la tendencia natural a la diversidad y sustitución, para lo cual debe incluir campañas de comunicación que perduren y se sustenten en el tiempo. La transformación que vislumbramos posible y que deseamos; no será obra exclusiva del sector público. Necesitamos líderes de opinión, académicos, y sobre todo empresarios que inviertan, trabajen, ganen, cumplan con la Ley en un contexto de referencia justo y previsible. Los productores deben organizarse y ser representados, pensar en sí y entender que además existe una sociedad expectante; pero si la política agraria no consiste en consensos sino en poner de espalda al adversario; es difícil ir a un pacto.SRit
Fabio Quetglas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario